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El sector automovilístico iraní encara un difícil porvenir por las sanciones estadounidenses

Uno de los primeros damnificados por las sanciones estadounidenses contra Irán es el sector automovilístico, ante el que se abre un complicado periodo tanto para la fabricación de vehículos como para la importación de piezas de repuesto.

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Vista general de una autopista de Teherán, Irán EFE/ Abedin Taherkenareh

El sector automovilístico queda penalizado por las sanciones que entraron hoy en vigor, impuestas por EEUU tras su retirada del acuerdo nuclear de 2015 con Irán y que conciernen también a los fabricantes extranjeros establecidos en el país persa.

Los casos más sonados son los de las compañías francesas PSA y Renault, que en colaboración con socios locales fabricaban hasta hace poco casi la mitad de los vehículos de nueva matriculación en Irán.

El grupo PSA, formado por Peugeot, Citroën, DS y Opel, anunció el pasado junio que empezaba “el proceso de suspensión de las actividades” para adecuarse al embargo de EEUU, cuya administración rechazó las peticiones de Francia de exenciones para sus empresas.

PSA firmó acuerdos con el fabricante iraní Iran Khodro en junio de 2016, para invertir conjuntamente 400 millones de euros y fabricar localmente coches Peugeot, y con Saipa en octubre de ese año.

Por su parte, Renault aseguró querer “mantener la relación de largo plazo” que tiene con Irán, aunque más recientemente abogó por buscar oportunidades en otros países para compensar la reducción del negocio en el mercado iraní.

Este fabricante francés vendió en 2017 162.079 unidades en el país persa, un incremento del 49 % respecto al año anterior gracias al éxito de sus modelos Tondar y Sandero.

La realidad sobre el terreno es que los trabajadores expatriados de ambas empresas han comenzado a abandonar Irán y el nivel de producción se ha reducido drásticamente.

Como consecuencia, el precio del Peugeot 207 aumentó recientemente un 13 %, hasta alcanzar los 21.600 dólares, mientras que el Sandero subió algo más de un 10 %, superando los 23.000 dólares, según un informe de la agencia Tasnim.

Otras compañías extranjeras del sector con negocios en Irán aunque de menor envergadura, como Scania, Daimler y Volvo, han comenzado también su retirada, al menos parcial.

Las empresas extranjeras son conscientes de que una salida completa del mercado iraní en esta época de sanciones dificultará su regreso en el futuro, algo de lo que han advertido las propias autoridades persas.

“Estamos vigilando cómo las grandes compañías extranjeras interactúan con Irán en el actual periodo y ciertamente esto afectará a nuestras relaciones económicas con ellas a largo plazo”, afirmó el vicepresidente para Asuntos Económicos, Mohamad Nahavandian.

Componentes

Además de a los fabricantes extranjeros y sus socios locales, las sanciones estadounidenses también afectan al sector de los recambios, de los que ya hay cierta escasez.

En un taller de reparación oficial de Saipa, en las afueras de Teherán, se acumulaban una treintena de coches cubiertos de polvo ante la falta de piezas de repuesto.

“Por el polvo se puede saber perfectamente que hace más de 20 días que están aquí aparcados debido a que nos falta algún repuesto para repararlos”, se lamentó Ali Reza, uno de los operarios.

El mecánico explicó a Efe que esta escasez no está todavía motivada directamente por las sanciones, ya que por ejemplo Corea del Sur sigue vendiéndoles piezas, sino más bien por la devaluación de la moneda nacional, que está frenando las importaciones.

La caída del rial, que ha perdido más de la mitad de su valor desde abril, ha provocado una subida generalizada de los precios, no solo de los artículos de importación, y una gran incertidumbre a la hora de la compra y venta.

Según un vendedor de piezas de recambio, de nombre Hasan y con una tienda ubicada en el norte de Teherán, la principal razón de esta escasez es la especulación.

“Los almacenes están llenos de repuestos porque los grandes empresarios importaron suficiente cantidad antes de la devaluación del rial, pero no los venden porque saben que los precios van a subir”, denunció.

Hasan reconoció a Efe que con las sanciones los precios sufrirán “otra escalada”, mientras que los ingresos de su pequeño negocio -agregó- “ya no dan ni para cubrir el alquiler”.

Esta primera ronda de sanciones estadounidenses afecta también al comercio de oro y otros metales, tanto preciosos como el aluminio o el acero, y prohíbe la compra de deuda iraní y al Gobierno iraní adquirir dólares, lo que tiene repercusiones en numerosos sectores de una economía ya en dificultades.

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